lunes, 14 de diciembre de 2009

Texto para disfrutar


Nos podemos enamorar de cualquiera en cualquier momento. Esto desacredita la idea romántica del amor. Se trata de un estado de necesidad que debemos saciar como la sed.
Uno se enamora cuando no se aguanta más a sí mismo y necesita compartir esa carga con otro que busca lo mismo. Así, el enamorado tiene doble trabajo; aguantarse a sí mismo y además tener que aguantar al otro. Pero por lo visto, esto es más llevadero que vivir sin amor. El amor es tan importante, tan necesario que da lo mismo la otra persona. El amor excluye al ser amado (...)Cuando uno anda entre tinieblas, se agarra al primer rayo de luz que encuentra. Cuando estás jodido no te pones exquisito: sales a pillar y pillas lo que hay, no te jode.
Luego viene el proceso de autoconvencimiento; decirse a sí mismo que eso es amor y que la persona con quien te tropezaste y metiste en tu casa, es efectivamente un rayo de luz. En el noventa por ciento de los casos, uno se da cuenta en menos de 72 horas que esa persona, no era exactamente lo que se dice: un rayo de luz.
A veces metemos a gente en casa que aporta más oscuridad en la oscuridad y se hace tan densa la oscuridad que se podría coger con la mano, apretarla y que chorree.
Pero con el tiempo, el enamoradizo convierte a ese supuesto ser, objeto de su amor, en rayo de luz otra vez en los momentos más desesperados y necesitados de compañía humana. Ningún ser aporta claridad a la vida de otro ser. Esto es así y a mí no me jodais.
Son inventos por miedo a tener que estirar la pata solos. Nos inventamos rayos de luz que atribuimos a personas vulgares y asquerosas, incapaces de pensar más allá de sí mismos y que generalmente, son hombres y mujeres despiadados de tontos que son (...) Cuando me pongo a hablar de estas cosas, me suelo quedar solo; unos se van al baño y no vuelven, otros se acuerdan que habían quedado o que tenían que hacer algo con sus hijos.
Rodrigo García. "Versus"

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