FANDO: (...) Háblame, Lis, háblame. Dime algo. ¿Cómo quieres que sigamos nuestro camino si no me hablas? Me canso. Me parece que estoy solo (...)
Arrabal, priva de su voz a Lis y dota su cuerpo de la total indiferencia hacia Fando. Yo, en un gesto de atrevimiento, se la devuelvo. Espero, perdonen mi osadía.
LIS: (sin decir ni una palabra) No me sale el llanto, Fando. Siento un nudo de lágrimas en la garganta, un dolor rancio en el estómago, una angustia repetida en el alma. No me sale el llanto, Fando. Siento un vacío inmenso. Ya ni las lágrimas acuden, casi tengo que hacer un esfuerzo para que alguna asome siquiera.
FANDO: Lis, no te olvides de mí.
LIS: (sin pronunciar una frase) ¿De qué tienes miedo, Fando? ¿Cómo voy a olvidarte? si necesito tus huellas para seguir el rumbo de mis pasos. Esos pasos que no camino, los que se escapan cuando amanece. Fando, cómo voy a olvidarte si llevo dentro tu reflejo.
FANDO: Yo te llevaré a Tar.
LIS: (sin musitar absolutamente nada). A Tar... A Tar. Engáñame, Fando, miénteme. Dime que ya hemos llegado y yo te creeré. Dime que Tar es la tierra que pisas, el aire que respiras. Dime que el azul del cielo se une con el azul del mar en Tar, que tu sonrisa es más linda porque ya hemos tomado la ciudad y yo te creeré. Rendiré mis ojos a tus visones, orden daré a mis oídos para que vuelvan a rconocer mi nombre. Pero miénteme, Fando, que ya no me sale el llanto, que ya la nada me inundó, que necesito regresar, que quiero desempolvar la ternura...
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